Reflexiones sobre el Fracaso

Text by @Rodmol7

      El año pasado redacté una columna titulada "El Fracaso", posterior a la eliminación de Universidad de Chile y Santiago Morning en la Copa Libertadores Femenina 2021, en donde, cómo argumento, criticaba y analizaba como ha fracasado el modelo que rige a nuestro balompié femenil, el sistema de campeonato y, en su momento, como la inversión de ambos clubes no había rendido sus frutos a diferencia de los equipos que los habían dejado fuera de competencia.

      Eso causó molestia en algunas personas que están inmersas en el universo del fútbol femenino chileno. Recuerdo que tuve un diálogo muy desagradable con un director técnico de un equipo de primera división femenina, quien me señaló que en el futfem no se fracasa, señalando cómo justificación que las jugadoras entrenan, corren, se esfuerzan, se trasladan desde un lugar lejano a sus entrenamientos, que combinan estudios y trabajos con sus sueños futbolísticos, etc. Al final me dejó chateando solo, sin ni siquiera despedirse. Poco educado el hombre.

      Entonces me gustaría preguntarle a esa persona lo siguiente: las últimas actuaciones de clubes y selecciones chilenas, como la eliminación de la sub 20 en el Sudamericano realizado en nuestro país o la actuación en la Copa América Femenina son una apología al éxito? Acaso son un logro?.

      Al mundo que rodea el fútbol femenino chileno le incomodan cuatro conceptos: fracaso, proceso, análisis y crítica. Les conviene mostrar un mundo idílico, una especie de paraíso en dónde todo funciona de las mil maravillas, donde las futbolistas viven felices, no tienen problemas y no pasan carencias, donde existe un apoyo absoluto de las empresas, donde el público asiste en masa a los partidos y, por sobre todo, que el fútbol femenino vende y que somos una potencia a nivel, no solo sudamericano, sino también planetario. Entonces, esos grupos que laboran en el futfem nacional hacen lo posible por erradicar a quien tiene una opinión diversa o expresa un pensamiento diferente sobre su realidad. Porque su nivel de análisis se traduce en expresiones tales como:

- "aguante cauras"
- "lo dieron todo"
- "son secas"
- "vamooos".

      Tomemos en cuenta lo que nos ha llevado el aguante. A tener una mirada de hincha sin ninguna capacidad objetiva ni profesional, a querer ser amigo, amiga, pololo o polola en vez de ser periodista o comunicador (a). Les preguntaría a todas estas personas, qué significa dar todo?

      Dar todo es lo que hace un trabajador de nuestro pais a diario en sus respectivas labores, trabajando entre 8 y 10 horas, o más, sacrificándose más allá de lo permitido, bajo sol y sombra, calor o frio, con tal, muchas veces, de ganar el mínimo, porque Chile es un país injusto y desigual. Por contrato o acuerdo, a los trabajadores se les fijan metas que uno debe cumplir para ganar más sueldo. Entonces, destinamos todos nuestros esfuerzos para superarla. Piensa en aquel cartero que debe entregar 10.500 correspondencias mensuales para ganar un bono extra, o en aquel temporero que debe sacar un número diario de frutas, verduras, legumbres y hortalizas para que les aumenten las chauchas, en aquel obrero que lo hacen trabajar una hora más para hacer las terminaciones, o aquel oficinista que debe quedarse más allá de su horario porque debe hacer trabajo extra o pendiente. Qué sucede cuando no puede cumplir esas metas trazadas? Fracasa. Por consiguiente, surge una mezcla de fastidio, desazón y frustración , una simbiosis de pena y rabia porque, pese a todo lo que te esforzaste, no pudiste lograr nada más que el mismo sueldo del mes pasado, o menos, inclusive. 

      Imagina a esos médicos, enfermeras, tens, que no pudieron salvar vidas durante la Pandemia, que tenían el acoso permanente, por un lado, del gobierno de turno que los acogotaban porque querían mantenerse como el país número uno en Sudamérica en cuanto a menor cantidad de muertos e infectados por COVID-19 y, por otro lado, la presión de los familiares que, de una u otra manera, les pedían que salvaran a sus seres queridos, ya sea con lágrimas o con amenazas. A cuántos de esos profesionales y técnicos de la salud vimos llorar y tomarse la cara entre sus manos, frustrados por no haber salvado una vida y haber fracasado en el intento?

      El fracaso es parte de la vida misma, no todo es arcoiris en ella. Fracasan presidentes, ministros, políticos, dirigentes, profesionales, trabajadores, deportistas y personas comunes y corrientes como tú o como yo. Imaginan estos imberbes el daño que le provocan a nuestras futbolistas con el aguante o diciendo que no fracasan? Es más fácil percibirlas como si fueran unas Walkirias nórdicas en el Walhalla  protegiendo a los dioses en Asgard. Por ende, nuestras jugadoras nunca van a aceptar lo que encierra el concepto del fracaso y van a adquirir una mentalidad de creerse intocables y, a quienes analizan su juego o las critican, se les va a tratar de misóginos o de machistas. Esos son los negativos efectos del aguante.

      Uno no habla de fracaso para hundir a un grupo de jugadoras por no haber clasificado a un mundial, por no haber sido campeonas o haber clasificado a una liguilla, o por no haber ascendido a primera división. El fracaso es una realidad que debe dejarte una experiencia, una enseñanza, que te permita mejorar en el futuro aquellas condicionantes en las cuales fallaron o no lograron llevar a cabo sus metas y objetivos. Les va a permitir mejorar sus cualidades técnicas, sus condiciones físicas, su preparación psicológica, sus bases tácticas, y fortalecerá la prosecución de un aprendizaje sostenido que les permitirá mejorar como deportista, superando vallas y escollos y logrando metas a futuro. 

      No solo es el fracaso de un grupo de jugadoras y su cuerpo técnico. Al igual que lo señalé el año pasado en otro sitio web, es el fracaso de un sistema, de un modelo que engloba a todo el fútbol femenino chileno. Tal vez sea necesaria una reingeniería total, como alguna vez lo señaló Eduardo Bonvallet, que permita a futuro un nuevo sistema de campeonato, con una competencia permanente, con la disputa de más partidos durante el año y con la creación de una Copa Chile Femenina y de un Torneo de Ascenso Femenino más atractivo. Por lo menos se ha avanzado en la disputa de liguillas de campeonato y de descenso. No puede ser que en Chile solo se jueguen 20 partidos al año, mientras que en países como Brasil o Colombia, e incluso en Argentina, Paraguay o Uruguay se jueguen cerca de 30 cotejos o más. O siendo más radical, que se recojan modelos y sistemas de campeonatos en países más desarrollados en el Fútbol Femenino como la exitosa Canadá, en donde existe una Primera División con solo ocho equipos, donde se juegan 28 partidos al año y se favorece el desarrollo de campeonatos regionales, provinciales y locales tanto a nivel profesional como amateur. 

N.del R.: El haber redactado esta columna nos costó la salida de un sitio web donde antes colaborabamos, debido a las presiones de encargados de prensa y patrocinadores, siendo el punto final de un periodo de censuras y ediciones injustificadas. Defendemos nuestra libertad de opinión, defendemos el derecho a expresar nuestras ideas sobre la realidad del fútbol femenino chileno a través de las artes de la redacción y del dibujo, y manifestarnos en contra de todo tipo de censura o presión. Por haber sido críticos de su cobertura se nos cerraron muchas puertas, pero se abren otras, y esperamos, en el futuro, consolidarnos como una alternativa más en la difusión y promoción de nuestro querido futfem nacional.

Foto gentileza Facebook Unión Española SADP.

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