Precisiones sobre una Nota acerca del Fútbol Femenino Chileno.
Escrito por Rodrigo Molina (@Rodmol7)
Estuve leyendo en la mañana de hoy, mientras estaba acompañando a mi madre en la Fundación Arturo López Pérez, una interesante nota realizada por el periódico digital El Mostrador acerca de la realidad actual del fútbol femenino chileno, desde sus albores hasta el proceso que culminó con la Ley de Profesionalización de la actividad. En muchos aspectos estoy de acuerdo, pero en otros no tanto. Vamos desglosando este trabajo periodístico.
Es importante comenzar cada reportaje, cada crónica, cada columna, recogiendo elementos históricos sobre el tema central a tratar. No es habitual hablar acerca de los inicios del futfem en Chile porque es un tema desconocido. El fútbol femenino en Chile tiene sus inicios en los barrios más humildes, donde las mujeres se divertían jugando fútbol contra las opiniones machistas y prejuiciosas del género masculino. Lo que señala la ex futbolista y actual DT, Isabel Berríos, acerca de que el balompié femenil tuvo sus inicios en el baby fútbol y en las pichangas contra trabajadores de ferias, micros y otros, era una realidad de la cual se habló en su momento en la revista Minuto 90. Durante los años '80 y principios de los '90, el fútbol femenino era una actividad netamente amateur, y costó mucho esfuerzo, mucho sacrificio, volcarla hacia el profesionalismo. Clubes como Universidad de Chile y Everton se iban a constituir en los primeros equipos surgidos desde la ANFP y que iban a convertirse en los ceñeros de la actividad, aunque compitieran en esos momentos en el amateurismo.
En 1990, casi por algo fortuito, la ANFP, en esos tiempos regida por Abel Alonso, iba a conformar el primer seleccionado femenino, con miras al Mundial de China en 1991. Cientos de jugadoras acudían, por propia voluntad e ilusionadas con una actividad que podría enriquecer sus vidas, al llamado del proceso comandado en esos años por Bernardo Bello (qepd). Según el recomendado libro "La Batalla de las Pioneras", Chile participó, con 18 jugadoras, del primer proceso clasificatorio en Sudamérica para participar en un Mundial. Se logró el primer triunfo (1-0 a Venezuela), se cayó 1-6 ante Brasil, pero fue la primera experiencia para un deporte que en Chile sufría de muchas carencias, como falta de infraestructura, canchas en mal estado, deficiente implementación, falta de apoyo y penurias de índole monetario. Cada rama femenina tenía que valerse por si misma, recurriendo al autofinanciamiento, algo que se ha hecho tan recurrente en nuestro país hasta para costear elementos relacionados con la educación y la salud, los cuales deberían ser derechos inalienables para toda chilena y chileno.
Eran tiempos en que el fútbol femenino chileno era el patio trasero de la ANFP. Isabel Berríos declaraba al respecto: "Al momento de llegar la invitación a competir en un torneo internacional, la ANFP dijo que no porque no había recursos para solventarlo, así que nos tiraron para el lado. Yo creo que, si nos hubiésemos enterado antes, hubiéramos hecho cualquier campaña para financiarnos".
No eran tiempos de sangría económica en el fútbol chileno, al contrario. Los años 90 fueron tiempos de gran abundancia, dónde pleyades de figuras del fútbol como Néstor Gorosito, Alberto Acosta, Leo Rodríguez, Marcelo Espina, Diablo Etcheverry, Flavio Maestri, entre otras glorias del balompié sudamericano, arribaban al país gozando de las bienaventuranzas económicas. Mientras que el fútbol femenino chileno naufragaba entre canchas sin pasto, falta de agua, camarines sucios y ausencia de un equipamiento decente.
Es cierto que hubo un momento en que el futfem nacional pudo ilusionarse con un resurgimiento. En el año 2008 se creó el primer Torneo de Primera División bajo el alero de la ANFP, con Everton como Campeón. Posteriormente, se obtuvieron logros gracias a destacadas actuaciones de las selecciones nacionales, como la realización del Mundial Femenino Sub-20 en nuestro país, como la clasificación al Mundial sub-17 de Trinidad y Tobago y la obtención de la Medalla de Oro en los JJ.OO. de la Juventud en Singapur, mientras que, hace exactamente diez años, Colo-Colo obtenía la Copa Libertadores Femenina en el 2012 derrotando al Foz Cataratas brasileño por penales, en Recife.
Sin embargo, a pesar de todos estos logros, la situación del fútbol femenino chileno no mejoraba en nada. La nefasta gestión de Sergio Jadue al mando de la ANFP (a quien algunos dirigentes desean hacerlo volver a la máxima testera del fútbol en unos años más, haciendo todo tipo de movimientos de manera subterránea) se tradujo en un desprecio absoluto hacia el balompié femenil, con absoluta ausencia de recursos, falta de financiamiento, de oportunidades y de dignidad en el trato, porque a Jadue nunca le ha interesado que las mujeres practiquen fútbol. Es cosa de mencionar otra nefasta gestión, la de Aníbal Mosa en Colo-Colo, el cual literalmente acabó con la hegemonia de las albas en el fútbol femenino chileno al disminuir el presupuesto y los aportes económicos a la rama, y al sacar a la Sra. Marcela Muñoz, real constructora del exitoso Colo-Colo Femenino del primer lustro de la década del 2010, como encargada de la rama femenina del cuadro albo. Simplemente porque a Mosa no le gusta el futfem y porque tenía que destinar los recursos económicos para satisfacer otros menesteres, tales como pagar los millonarios sueldos de Esteban Paredes y compañía.
La actual presidenta de la ANJUFF y ex futbolista y seleccionada nacional, Iona Rothfeld, reconoce está realidad en la nota de El Mostrador: "lamentablemente me fui dando cuenta de muchas injusticias. Llegas con una ilusión, con un sueño, y llegas a un camarín que se está cayendo a pedazos, una ducha que no funciona, sin luz, con indumentaria que era la ropa que los hombres ya no usan, casi sin cuerpo técnico, en canchas que están en condiciones horribles, entonces te hace pensar de que este proyecto no es serio".
Fue así que surgió la necesidad en las futbolistas femeninas de alzar la voz para pedir mejorías a su situación y exigir respeto. Esto fue la base del surgimiento de la ANJUFF como un ente que agrupara a las jugadoras y velara por sus intereses y necesidades, en busca de dar solución a sus problemas. "Nos fuimos dando cuenta que teníamos que expresarnos, porque cada vez que hablábamos sentíamos que había un prejuicio y que no había nadie velando por nosotras. De ahí viene la idea de la ANJUFF, de tener un cuerpo que pudiese defendernos, pero también que oriente y alinee a las autoridades en cuanto a lo que no se están haciendo cargo", señaló Iona Rothfeld a El Mostrador.
Una de las tareas primordiales que ha realizado la ANJUFF fue la primera Radiografía del Fútbol Femenino en Chile 2021, que mostraba como conclusión de su estudio, que solo el 4,4% de las jugadoras tiene contrato con su club respectivo, y que más del 80% de las futbolistas no recibe ningún tipo de remuneración ni aporte monetario. Este estudio fue uno de los pilares importantes de la elaboración, constitución y promulgación de la Ley de Profesionalización del Fútbol Femenino en Chile.
Tal como lo hemos señalado en columnas anteriores, dicha Ley de Profesionalización no solo debe apuntar al tema de que cada futbolista deba tener un contrato y recibir un sueldo mes a mes, sino que hace hincapié en otros aspectos que van desde los derechos laborales de las jugadoras hasta disponer de bonos y seguros de diverso tipo, y eso es una realidad que la misma mandamas de ANJUFF reconoce hacia aquel mecanismo legal. "Creo que si miramos hacia 5 años atrás, hemos avanzado muchisimo, ya no tenemos que estar haciendo tallarinatas ni completadas para pagar las operaciones de las compañeras, ahora hay un seguro de salud y hay una obligación de hacerse cargo de eso. Hoy, las jugadoras tenemos un cuerpo que nos defiende", señaló la presidenta de ANJUFF a El Mostrador.
He aquí la primera precisión. Pese a esta visión optimista esgrimida por la señorita Rothfeld, los problemas en el fútbol femenino han continuado y, si lo comparamos con el 2021, han aumentado. Veamos, acusaciones de desatención y falta de transparencia (U.de Concepción), pleitos judiciales que continúan (Everton), equipos a los cuales se les ha recortado el presupuesto (Palestino), equipos que compiten con jugadoras sub 19 casi en su totalidad porque no se realizaron inversiones (Huachipato), equipos que entrenan cerca de carreteras o estacionamientos a altas horas de la noche (Iquique, Antofagasta), acusaciones de malos tratos a jugadoras (La Serena), desinterés de las dirigencias por solucionar temas de vivienda o visa laboral (caso Viso en Colo-Colo), atrasos en el pago de sueldos (Fernández Vial), yerros dirigenciales (Puerto Montt), equipos que no juegan con su indumentaria oficial a comienzos de temporada (O'higgins), equipos que juegan en Canchas que no cuentan con los requerimientos necesarios para la disputa de un partido profesional (Antofagasta), paros y huelgas de trabajadores (Universidad Católica), etc, etc, etc.
Ni hablar del Ascenso Femenino, una división que no goza aún de la real importancia y consideración que se merece.
En algo muy importante, Iona Rothfeld tiene razón en cuanto a considerar como un machismo el hecho de que el fútbol femenino, para muchos clubes de Chile, es considerado un cacho y un gasto. Al respecto, la ex futbolista de Audax Italiano menciona a El Mostrador que "nosotras no estamos mendigando ni pidiendo caridad, nosotras nos hemos roto la espalda por la selección y los clubes al igual que los hombres y en condiciones mucho más precarias. Somos parte de los clubes, somos parte del fútbol chileno, la cancha es de todas y todos".
He aquí que quiero hincar el diente. Me quiero quedar con la última frase señalada por Rothfeld. La idea de que el fútbol femenino es un cacho y un gasto para los clubes no involucra solamente un aspecto ideológico de carácter machista, sino que es algo mucho más global. Para terminar con esta idea, se necesita algo que es primordial y necesario en estos tiempos, que es el cambio de mentalidad. Se necesita transformar el modelo para alcanzar a los países con mayor desarrollo en el fútbol femenino, y para ello se necesita mayor inversión y mejor gestión, de recursos y de administración deportiva. Circunscribir estos problemas a un tema de género no es ahondar en el verdadero problema que está relacionado al poder y al sistema que rodea al fútbol femenino chileno.
Por esto mismo, me quiero quedar con algo que esgrime Isabel Berríos en cuanto a la ausencia de personas que crean en este proyecto y que ayuden a evolucionar al fútbol femenino chileno: "Le hace falta gente que realmente crea que esto es un producto bueno y que el día de mañana se puedan sacar cosas buenas de él. El fútbol tiene que evolucionar de buena forma y, para eso, hay que poner gente idonea, gente que realmente crea en este proyecto", señaló la ex capitana nacional a El Mostrador.
Mujeres y hombres deben unirse por el bien del fútbol femenino nacional y desplegar sus mejores ideas y acciones en pos de su mejoramiento. Dejar de lado la superioridad de género y trabajar en forma mancomunada para cristalizar intenciones y proyectos y llevarlos a cabo en un plazo inmediato. Es la clave para sacar adelante a un deporte que, de potencia, solo tiene el disfraz.
Fuente.
https://m.elmostrador.cl/destacado/2022/10/28/el-camino-hacia-la-profesionalizacion-la-historia-de-lucha-del-futbol-femenino-chileno/