Radicalización y Polarización. Un Estudio de Caso
Text by @Rodmol7
En mi primera columna publicada en este blog, titulada "Outsider", señalé que en este medio no solo iba a hablar de fútbol femenino sino que también trataría otros temas de la contingencia de nuestro país y de nuestra sociedad. Me inspiro en lo hace en Argentina el periodista Alejandro Fantino, uno de los más reconocidos comentaristas en el vecino país, y que en sus programas radiales (Multiverso en Radio Neura, que pueden ver en Youtube) como televisivos no solo habla de fútbol, sino que también toca otros temas relacionados con historia, filosofía, sociología, psicología, etc., dada su gran capacidad cultural.
Hace algún tiempo, cuando colaboraba en otro sitio web deportivo, analicé el partido amistoso entre las selecciones femeninas adultas de Chile y Uruguay, que culminó con un empate 2-2. Fue una de las más bajas presentaciones de las dirigidas por José Letelier, y en aquel entonces realicé una crítica a la actuación de una seleccionada señalando que había jugado mal. Como firmo mis escritos con mi @ de Twitter, en aquella ocasión me llegó un mensaje privado, donde una señorita me escribió lo siguiente:
"Maldito misógino, machista de mierda. A la ... no se le toca".
Estamos viviendo en Chile tiempos muy complicados, y con el correr de los días las posturas, los ideales y los pensamientos políticos, sociales y culturales se han ido radicalizando y estamos cayendo en una peligrosa Polarización que nos puede destruir como sociedad.
Indagando sobre sus respectivos significados, el machismo se define como "la actitud o manera de pensar de quien sostiene que el hombre es, por naturaleza, superior a la mujer". La misoginia, en cambio, se define como "el odio, rechazo, aversión o desprecio de los hombres hacia las mujeres y hacía todo lo relacionado con el género femenino".
Chile es un país machista? Si, lo es. Aún no existe la equiparidad de género con las mujeres y tampoco se les brinda a éstas el cumplimiento u otorgamiento de sus derechos más fundamentales. Aún hay hombres en nuestro país que piensan en la superioridad masculina o en la autosuficiencia, diciendo frases tales como "conmigo basta, yo me dedico a trabajar y tú dedícate a cuidar los niños y preocuparte de la familia".
Casos de misoginia existen en nuestro país y.en todos los ámbitos. Desde el lamentable episodio vivido con la periodista Grace Lazcano, cuando un comentarista se llevó la mano a la boca en forma grotesca, o los comentarios de un ex futbolista en una radio de Concepción en contra de la rama femenina de Fernández Vial o los lamentables dichos del relator Herman Chanampa y su desconocimiento de la realidad del futfem nacional, hasta casos que irradian la crueldad, como todos los ataques arteros que ha sufrido la Senadora Fabiola Campillay, dónde incluso se le ha tildado de terrorista o se ha insinuado que el ataque provocado por la mano asesina de un ex carabinero es totalmente falso.
Criticar y analizar la labor o el rol de una mujer en un área determinada no constituye un caso de misoginia. Todos los seres humanos somos susceptibles a ser criticados. Pero cuando se cruzan los límites y se transgrede a la mujer en cuanto a su persona, con rechazo y aversión, ahí recién hablamos de misoginia. Por ejemplo, cada uno sabrá si la ex Presidenta Michelle Bachelet hizo un buen o mal gobierno, pero tratarla despectivamente de "gordis", ya es algo evidentemente misógino.
Así que, según este parámetro, decir que es algo misógino decir que una futbolista jugó un mal partido es algo tan aberrante como decir que la lucha por una educación de calidad o por una salud digna es propio de dictaduras comunistas.
Como en Chile se ha impuesto la llamada Teoría del Empate, se ha querido comparar al Machismo con el Feminismo. Craso error. El machismo es una actitud o una manifestación de superioridad de género. El feminismo, en cambio, es un movimiento social y cultural que persigue un fin determinado.
Por ende, el Feminismo se define como la doctrina o movimiento político, económico y sociocultural que busca el reconocimiento de las capacidades de la mujer y la defensa de sus derechos que han estado en manos de los hombres, creando conciencia en cuanto a transformar las relaciones sociales, lograr la igualdad de géneros y eliminar cualquier forma de discriminación y violencia hacia las mujeres.
Grandes feministas han habido en la historia de nuestro país, las cuales han luchado por mejorar la calidad de vida y defender los derechos de las mujeres dentro de una nación tradicionalmente conservadora. Ejemplos como Eloisa Díaz, la primera mujer en ejercer la medicina en Chile y qué luchó por una salud digna para el género femenino; Amanda Labarca, profesora que luchó porque la educación sea universal y mixta, además de mejorar la calidad de la Educación Secundaria; Gabriela Mistral, no solo destacada como poetisa, sino una abierta luchadora por una educación primaria digna para las niñas y que ellas tuvieran acceso a la lectura en bibliotecas públicas; o Elena Caffarena, abnegada luchadora por el voto femenino en Chile. Todas ellas, ejemplos de amor a su país y a su género.
Durante el Estallido Social, los movimientos feministas gozaron de la admiración de la opinión pública, por su lucha, por su rebeldía y empuje en pos de mejorar las condiciones de vida de las mujeres. Admiramos al grupo Lastesis y su abierta crítica contra el hombre opresor, dominante y violador de los derechos de las mujeres, o aquellos grupos de féminas que realizaban hermosas performances para expresar su posición contraria al nefasto segundo gobierno de Piñera. Su lucha e ideales han contribuido a mejorar aspectos de la vida esenciales, como el acceso a la cultura, educación de calidad, respeto a la diversidad y, en el caso del deporte, específicamente en el Fútbol Femenino, la Profesionalización de sus ramas.
Desgraciadamente, dentro del seno del movimiento feminista, han surgido posiciones radicales. La radicalización dentro del feminismo está acompañada por posturas que se relacionan con la superioridad de género, la imposición de sus ideales por sobre otros, el rechazo al diálogo y la incapacidad de intercambiar ideas, y la exclusión del hombre de toda actividad que, según ellas, debe ser "solo para mujeres", como por ejemplo, el Fútbol Femenino y su respectivo entorno, erradicando la presencia masculina, sin importar el rol o participación que estos tengan en el desarrollo de este deporte.
Estos aspectos relacionados con la radicalizacion de posturas en sectores dentro de los movimientos feministas ha adquirido ribetes totalitarios, muy semejantes a algunas directrices de corte fascista. El fascismo se define como un sistema que trata de llevar a cabo un tipo de sociedad unitaria y encuadrada, bajo ideas totalitarias y promoviendo movimientos de masas contra la democracia, el comunismo y los derechos humanos de las personas, imponiendo su ideología mediante la fuerza.
Se supone que feminismo y fascismo son posiciones antagónicas dentro de una sociedad, sin embargo, el hecho de que existan elementos como la exclusión, la imposición de ideas y el rechazo hacia el género masculino "solo por el hecho de ser hombre", ha provocado que tales sectores radicales tomen posiciones extremas y que toman distancia con el propósito máximo del feminismo en cuanto a ser un agente transformador de la sociedad. Los sectores feministas más radicales no buscan la igualdad de género sino más bien la superioridad del género femenino y la resta de espacios y oportunidades al género masculino.
Una feminista radical manifiesta las mismas actitudes de una persona de ultraderecha. Es decir, interpreta las situaciones de acuerdo a un pensamiento errado y sesgado, sin dar margen al disenso, no comprende lo que lee ni lo que escucha, su accionar está conducido por el odio hacia el que piensa y actúa diferente, y pretende imponer sus ideas y pensamientos sin importar los medios, "teniendo la razón siempre y sin aceptar equivocos". Es habitual que alguien de ultraderecha se defina como "patriota", pero a la vez defiende el neoliberalismo y las transnacionales, ejemplo de una idea sesgada y errada. Bajo esta premisa, una idea sesgada y errada de una feminista que ha radicalizado sus posturas es creer que cualquier acción o manifestación del hombre sea atentatoria contra la mujer, como por ejemplo, la crítica a su desempeño en alguna actividad o la evaluación de su desempeño dentro de un ámbito determinado.
La radicalizacion del feminismo ha afectado no solo la imagen del movimiento, sino también a los grupos LGBTQ+ que están luchando por sus derechos más esenciales y su reconocimiento como "opción de vida" más que una diversidad sexual. Las acciones de estos grupos radicales ha hecho que cambie la percepción hacia el movimiento LGBTQ+ de manera negativa, ya que la sociedad las ha encauzado dentro de un círculo herméticamente cerrado, que no da opción a qué otros géneros, como hombres, trans y no binarios tengan relación con ellas.
La idea de que el fútbol femenino en Chile deba ser una especie de No Man's Territory cae dentro de este extremo pensamiento radical. Esta posición claramente está obsoleta. En el mundo, la cobertura, promoción y difusión de la actividad es llevada a cabo por hombres y mujeres profesionales que manifiestan su cariño hacia la actividad. En países como Argentina, la presencia de futbolistas trans ha tenido una creciente cabida y aceptación, al igual que en países del primer orbe como Canadá y España.
Así mismo, el desarrollo del fútbol femenino en Chile tuvo sus primeros impulsos gracias a hombres que destinaron sus mejores esfuerzos en tiempos en que su práctica era amateur, como don Bernardo Bello, DT de la primera Selección Chilena Femenina, o como Ociel Edmundo Rojas, periodista de vasta experiencia que en sus programas radiales daba amplia acogida y cobertura al futfem nacional en tiempos en que todo era hecho a pulso. En Chile hay y han habido muchos hombres feministas, es decir, personas del género masculino que trabajan en pos del bienestar y los derechos de las mujeres.
El hecho de concebir la idea del fútbol femenino como un círculo cerrado, podría traerle graves perjuicios a la actividad. El fútbol femenino pertenece a la ANFP, un mundo dominado por las S.A. y, por ende, al mundo empresarial. A los empresarios les disgustan los movimientos feministas, y menos que asuman posturas radicales. Un empresario piensa en números y actúa con calculadora en mano y, por desgracia, la futbolista mujer es una trabajadora más. Se obtuvo un gran logro con la Profesionalización de la actividad, pero, para los dueños de los clubes, el fútbol femenino sigue siendo un cacho y un gasto que no supone inversión. De acuerdo a la ley, a partir del próximo año, cada club deportivo deberá desembolsar alrededor de seis millones de pesos mensuales para pagar los sueldos de las jugadoras que tienen contrato, cifra que sube si se deben costear otros aspectos como cotizaciones, arriendos, tratamientos médicos y bonificaciones. El costo podría ascender hasta ocho o diez millones cada mes, cifra que causa incomodidad considerando que es una actividad sin mayores ingresos, sin tanta cobertura y con poco apoyo en las gradas.
Dentro del entorno que rodea el fútbol femenino chileno, ronda la idea de separarse de la ANFP y crear su propia liga que dependa de la Federación de Fútbol de Chile, generando una actividad que sea "autosustentable". Esto suena como un hermoso idilio en la teoría, pero en la práctica sería casi imposible de llevar a cabo. Estamos hablando de mantener una rama femenina, de destinar un mínimo de seis millones mensuales y cumplir con lo exigido por la Ley de Profesionalización. Los egresos son muy superiores a los ingresos, no existe la intención de invertir en la actividad (existe solo un patrocinador del Torneo de Primera División) y la asistencia a los estadios alcanza un promedio entre 50 a 100 personas, gran parte de ellas familiares y amistades de las futbolistas. No puedes solventar un club de fútbol femenino con rifas, bingos y completadas, y ya un club deportivo, Deportes Concepción, cerró su rama femenina por insolvente. La autosustentabilidad sería un alivio para el empresario que administra un club deportivo, ya que no incurriria en gastos más allá de las arcas que dispone.
Por lo mismo, debe existir necesariamente un cambio de mentalidad. En vez de pensar una actividad para un número pequeño de participantes, el entorno que rodea al fútbol femenino chileno debe abrirse a la presencia de diversos actores de esta sociedad, que deseen no solo aportar en dineros a través de una inversión monetaria, sino que deseen laburar en pos del mejoramiento de la actividad, con esfuerzo, sacrificio y en forma ferviente. Mantener una posición radical va a significar aislar el fútbol femenino a un status de deporte aficionado.
Nuestra sociedad está viviendo una marcada crisis. Al tema de la Polarización creciente y de la irrupción de ideas y acciones cada vez más extremas y totalitarias, Chile se está caracterizando por ser un país cada vez más clasista, donde el tener tiene más valor que el ser, es decir, algo parecido a "yo valgo más porque tengo más" o "yo tengo todo lo que tú no tienes". El clasismo es fruto de la desigualdad económica, del neoliberalismo que hace ver que todo derecho adquirido es un bien de consumo, y de la cada vez más creciente brecha entre ricos y pobres
Chile se caracteriza también por ser un país xenófobo y racista. Aún existen chilenas y chilenos que sienten aversión y rechazo hacia lesbianas, homosexuales y trans, y se oponen a que puedan vivir libremente gozando de los derechos por los cuales han luchado por décadas. Y aquel complejo de winner que tiene el chileno medio, que se puede estar muriendo de hambre, pero que no deja de despreciar y minimizar a personas de otros países, como por ejemplo los haitianos que todavía viven en ghettos, como así también el ataque sostenido a nuestras etnias originarias, como al pueblo mapuche, despojado por siglos y ahora tildados de terroristas.
Todo este complejo escenario social y cultural responde a un proceso adverso que vive nuestra sociedad, que algunos llaman "estupidizacion", pero que yo prefiero llamar aculturación. Vemos con preocupación que, sobre todo nuestra juventud, está perdiendo todo sentido de identidad y pertenencia. Para ellos es más importante escuchar reggaeton que cumplir con su deber civico. Poco o nada conocen de su historia, de su geografía, carecen de formación política, no tienen capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo, no comprenden lo que leen, chatean en vez de conversar y, lo peor, han perdido la capacidad de pensar. Todo les da exactamente lo mismo, no les preocupa el futuro, solo vivir el hoy.
Mucha culpa de esto tienen los medios de comunicación, los noticieros, los matinales, que obedecen directrices empresariales e influencian negativamente sobre una población sin base cultural. Existe, igualmente, una educación deficitaria y una mediocre preparación académica, más cercana a las matemáticas que a las ciencias sociales, la filosofía y todo aquello que invita a reflexionar sobre la realidad de su entorno. Entonces, los jóvenes de hoy prefieren a Marcianeke antes de Neruda, o a Pamela Díaz antes de Gabriela Mistral, porque no mira más allá de lo que tiene frente a los ojos.
No solamente en Chile, sino también en otros lares, cualquier activismo tiene el peligro de radicalizarse y volcarse hacia el totalitarismo, por muy nobles que hayan sido sus principios valoricos en un comienzo. Las personas se sienten atraídas por mensajes simples, extremos y escandalosos, porque preferimos que otros piensen por nosotros. El triunfo del rechazo en las últimas votaciones del 4 de Septiembre es un ejemplo de esto último, de cómo se manipuló las mentes de una población en base a argumentos falsos como "rechazo por amor" o "una que nos una". El chileno prefiere pedir limosna en las esquinas o hacer rifas o partidos benéficos para costear onerosos tratamientos médicos, pero no supo porque el mismo rechazó la posibilidad de que sus derechos más esenciales pudiesen ser reconocidos en una nueva Constitución.
El mayor problema del feminismo en este momento es negar el rol de otros géneros dentro de su movimiento. Hay hombres feministas, gays feministas, trans feministas, no binarios feministas, y juegan todos un papel importante como apoyo al activismo. Es peligroso, a mi juicio, ver a todos los hombres como parte de los problemas que origina el influjo dominante del patriarcado y, a la vez, rechazar el aporte de aliados que ayuden a lograr el objetivo máximo de este movimiento, que es la igualdad de género y la igualdad de oportunidades. Los grupos radicales prefieren desenfocar este objetivo y llevarlo hacia una superioridad de género y un aislamiento que, en vez de beneficios, solo brindará dificultades y retrocesos.
Para finalizar, recojo algunos aspectos sobre el tema que me señaló mi amiga @ProfHelix24. El fútbol femenino no debe ser usado como cartel del feminismo. Las jugadoras son las protagonistas del futfem, y es peligroso exigirles ser un modelo de sociedad o una utopía para el movimiento feminista o para el mundo LGBTQ+.
Apoyamos al feminismo, pero no estamos de acuerdo con muchas posturas dentro de su activismo hoy en día. Existe mucho privilegio y protección en algunas actrices del movimiento, y muchas de ellas desconocen la realidad de la mayoría de las mujeres que viven el día a día en este país. El creer que, eliminando la competencia de los hombres es igual a dar más espacio a las mujeres, solo resultaría en la pérdida de aliados potenciales.
Nota del R.: No me interesa recibir premios ni nominaciones. Para mí es suficiente que la gente visite mi blog y lea mis columnas. Eso es más valioso y sería el mejor premio para mí.